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¡NUESTRO PUERTO ES EL SEÑOR A QUIEN SEGUIMOS!

A la Palabra de Dios le respondemos con la oración y también con la vida, una vida toda ella orientada hacia el Señor.

El puerto de llegada de la Lectio Divina es la contemplación y la acción. El impulso de la oración nos lleva hasta la comunión estrecha con el Señor, lo cual implica una vida que se coloca continuamente bajo la presencia amorosa del Señor y traduce esta presencia en un estilo de vida. Después de que Simón Pedro se arrodilló ante Jesús, el Señor le tendió la mano constituyéndolo desde entonces y para siempre en su discípulo y misionero, así compartiría estrechamente su vida y su misión hasta el final (ver Lucas 5,10-11).

COMPRENDAMOS EL CUARTO PASO

A. ¿Qué es?

La contemplación es de por sí una forma de oración, la cumbre de toda oración. Para definirla quizás sería suficiente la frase de San Juan de la Cruz, «estar amando al Amado», ya que quien se nos entrega en la Lectio Divina es Dios mismo, quien viene a nuestro encuentro regalándonos su amistad: «Mira, yo estoy llamando a la puerta; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos.» (Apocalipsis 3,20)

Pero el término «contemplación», que de por sí indica «visión» de Dios, en el camino de la Lectio tiene un matiz novedoso: puesto que lo que Dios nos revela en la Escritura es él mismo pero también sus designios de salvación, entendemos que no solamente lo «vemos» a él sino que con él vemos la vida y la historia. En otras palabras comenzamos a ver el camino con nuevos ojos y junto con el Señor hacemos nuestro proyecto de vida. Por eso la pregunta guía de esta última etapa es: ¿Qué me muestra el Señor que debo hacer?

Por lo anterior, la contemplación va unida a la acción: en comunión con el Señor y en obediencia a él discernimos las acciones concretas que configuran más nuestra vida con la suya y apoyados en la fuerza que nos da comenzamos a realizarlas. Así se hacen realidad en nosotros las palabras de Jesús: « ¡Dichosos más bien quienes escuchan lo que Dios dice, y lo obedecen!» (Lucas 11,28)

El resultado de la Lectio es una encarnación del «Verbo» en nosotros: transfiguramos, testimoniamos y anunciamos a Jesús con nuestra mirada, nuestras palabras, nuestros comportamientos, nuestras opciones y nuestro servicio.

B. ¿Qué actitud se requiere?

Al mismo tiempo que nos gozamos con el Señor, a quien hemos oído y percibido en esta maravillosa experiencia, se espera que tomemos decisiones concretas. Para ello, la actitud más importante es la obediencia. Un excelente ejemplo es la actitud de María: «Yo soy esclava del Señor; que Dios haga conmigo como me has dicho.» (Lucas 1,38).

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