201 Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. 2 Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. 3 Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo 4 y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. 5 Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. 6 Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”. 7 Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”. 8 Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. 9 Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. 10 Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. 11 Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: 12“Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”. 13Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? 14 Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. 15 ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”
16Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».El reino se consuma cuando se vive la actitud del hombre responsable de la casa (οἰκοδεσπότῃ (Mat 20,1), que indica a quienes prestan el servicio de la autoridad en una comunidad eclesial, en un sector parroquial, una parroquia, una diócesis. ¿Cuál es la actitud que los distingue, mediante la cual construyen el reino de Dios? La dimensión exódica: el señor de la viña sale por cinco ocasiones, a distintas horas del día, con la misma finalidad. Elemento literario digno de ser resaltado es el verbo “salir” que se repite cuatro veces (ἐξῆλθεν (Mat 20:1.3.5, uno implícito, 6). Quien presta el servicio de autoridad está más afuera que adentro, renuncia a la comodidad instalada y la instalación cómoda, para salir buscando, buscar llamando, llamar convocando, convocar provocando, provocar motivando la corresponsabilidad diferenciada.
¿Para qué sale? ¿Cuál es la finalidad de su continuo salir? Promover la participación. Él es un favorecedor de la participación, un fomentador de la participación, un incentivador de la participación, un motivador de la participación, un inspirador de la participación. Está convencido de la necesidad urgente y urgencia necesaria de la participación: muy probablemente la parábola hay que ambientarla en el mes de septiembre, cuando las uvas están maduras y amenazan con llegar las lluvias, por tanto, urge, es necesario cosechar antes de que llueva. ¿Cuál es la Buena Nueva? Que la participación es una actitud urgente y necesaria. No se puede impedir, reprimir, ni prescindir de la participación. Por ello, el Señor de la viña sale en cinco ocasiones con la finalidad de implicar, involucrar, comprometer a los demás con la viña.
El Documento Final del Sínodo advierte indica que el nuestro es “un tiempo dominado por la crisis de la participación (es decir, de sentirse parte y actores de un destino común) y por una concepción individualista de la felicidad y de la salvación” (DFSS, 20). Por ello, el camino sinodal implica crecer en la conciencia y la ciencia de la participación.
¿Dónde participar? En la viña del Señor: en efecto, la palabra viña se halla cinco veces en la narración. ¿Por qué participar? Porque así lo quiere el Señor de la viña: él no quiere ociosos ni pasivos, sino activos, proactivos, creativos y participativos. En efecto, el campo semántico que alude a la idea de trabajar también está compuesto por cinco elementos: el sustantivo “trabajadores” se halla tres veces (1.2.8), mientras el adjetivo “ociosos” (ἀργοί), ósea, estar sin trabajar, se halla en dos ocasiones (3.6).
El Señor de la viña no sólo cree en la necesidad de la participación, sino que cree que todos tienen la capacidad/habilidad/posibilidad de participar. Está convencido que la participación en la viña es un derecho/deber de todos. Por ello invita a participar a todos, porque lo que no soporta es la gente que no participa: ¿Por qué habéis estado aquí parados todo el día sin hacer nada? (τί ὧδε ἑστήκατε ὅλην τὴν ἡμέραν ἀργοί; (Mat 20:6)). El verbo “estar parado” está en perfecto indicativo, de modo que indica una actitud que se ha prolongado por mucho tiempo, una actitud que se ha vuelto estilo de vida. El Señor de la viña no nos quiere pasivos, inactivos, sino activos, proactivos, creativos, participativos, involucrados e implicados. Todos pueden participar: por ello invita a participar en la hora undécima, cuando ya no quedaba en la plaza sino el descarte, el redrojo como se dice, es decir, personas que ya nadie quería, que, según la mayoría, no tenían la capacidad, ni la habilidad de participar: en cambio, el señor de la viña cree que su participación es valiosa, que todos tienen algo que aportar.
El Señor de la vida está convencido que todos pueden participar y que la participación es edificante, sin importar la hora en que se inicie. Por ello invita incluso en la hora undécima, cuando la participación podría ser subvalorada, se podría pensar que tal participación ya no valía la pena. En cambio, el Señor de la viña considera que toda participación es apreciable, que toda participación es bienvenida, que toda participación edifica, que toda participación es útil en la viña.
En la viña del Señor todos hemos de propiciar la participación. Cómo sería la Iglesia si todos los bautizados participaran como debiesen; si todos los laicos se involucraran e implicaran en la vida eclesial, si todos pasaran de la condición de espectadores a la condición de actores. Un mea culpa hemos de darnos los que prestamos el servicio de la autoridad en la Iglesia, porque no siempre motivamos o favorecemos la participación de los fieles laicos. Ellos podrían respondernos como los hombres de la hora undécima: “ninguno nos ha involucrado” (ὅτι οὐδεὶς ἡμᾶς ἐμισθώσατο (Mat 20,7).
El Señor de la viña recompensa con el denario de la eterna salvación a todos, porque toda participación es aplaudible, loable. La participación generosa y la generosidad participativa merece su justa recompensa y Dios no se deja ganar en generosidad.
¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto?Gracias Jesús, por los carismas que has dado a todos y cada uno de nosotros, y por llamarnos a ponerlos al servicio
de tu viña, mediante la participación. Líbranos, Señor de la pereza, de la ociosidad, de la indiferencia y, al contrario,
regálanos la comunión participativa y misionera
Gracias, por convocarnos a la corresponsabilidad diferenciada en tu viña, que es la Iglesia, pues todos somos
responsables de la misión evangelizadora.
Amén
¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?
Contempla con los ojos del corazón el rostro de Cristo que llama a cada uno, en distintos momentos, a participar y comprometerse con su viña, que es la Iglesia.
¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?
Esta semana me presentaré en mi parroquia y ofreceré mi colaboración, según el carisma recibido, para vivir el valor de la participación.
“Quien busca en esta vida sus intereses, todavía no ha llegado a la viña del Señor. En cambio, trabajan para el Señor aquellos que no piensan en sus intereses, sino en los del Señor” (San Gregorio Magno, Homilías. XIX, 1-3.5).