19 l anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». 20 Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. 21 Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». 22 Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; 23 a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
En Pentecostés, la Iglesia es manifestada por la efusión del Espíritu (LG, 2) y es manifestada como misterio de comunión. En la primera lectura (Hch 2,1-11) resaltan siete elementos que indican la unidad de la Iglesia en su catolicidad, la catolicidad de la Iglesia en su unidad, resaltando que la comunión es constitutiva de la Iglesia. Nota los siete elementos mediante los cuales Lucas enfatiza la idea de totalidad, propia de la catolicidad: Primero: “estaban todos juntos”, segundo: “en un mismo lugar” (v.1); tercero: “lleno toda la casa” (v.2); cuarto: “se llenaron todos del Espíritu” (v.4); Quinto: “venidos de todas las naciones bajo el cielo” (v.5); sexto: “los que hablan no son todos galileos?” (v.7); séptimo: la larga lista de pueblos de los versículos 9-10 que deja claramente la sensación de totalidad universal y universalidad total.
El efecto de pentecostés que más se resalta es la diversidad de lenguas, que se halla en el texto por cuatro veces, como los cuatro puntos cardinales, enfatizando precisamente la universalidad (vv. 4.6.8.11). En los versículos 4 y 11 están en posición enfática, porque en el versículo 4 cierra la primera parte de la narración y en el versículo 11 cierra la segunda.
Es sabido que el significado de este don de xenoglosia o capacidad de hablar lenguas extranjeras es precisamente la unidad de la Iglesia en su catolicidad o universalidad, es decir, la Iglesia es una, pero habla las lenguas de todos los pueblos, porque es una Iglesia universal, esto es, es la Iglesia católica. Como ya lo hicieron los Padres de la Iglesia, el episodio ha de leerse teniendo como trasfondo el evento de la torre de Babel: allí, la diversidad de lenguas dividió a los pueblos, mientras en Pentecostés, la diversidad de lenguas, por don del Espíritu, indica precisamente la unidad de todos los pueblos en una Iglesia católica o universal.
Conviene notar que la catolicidad de la Iglesia, la comunión de una Iglesia que habla todas las lenguas, es precisamente lo que se admira. Lucas usa en la narración tres verbos que distintos matices de la admiración (vv. 6.7). Los tres verbos están referidos al hecho de que la multitud escucha a quienes recibieron el Espíritu hablando distintas lenguas. En síntesis, lo que admiran es la unidad comunional, la comunión unitaria de una Iglesia católica que, siendo siempre una, es católica o universal. La Iglesia es una hablando todas las lenguas y habla todas las lenguas siendo una, porque ella es un misterio de comunión.
El Espíritu regala el carisma para el kerigma. Usando un término de nuestra época, diríamos que empodera a quienes lo reciben donándoles carismas que posibilitan y facilitan la participación en la misión de la Iglesia. Quienes reciben el Espíritu ven su vida enriquecida con dones, carismas, otorgados para que los pongan al servicio de la misión y de la edificación de la Iglesia, mediante la participación. “Los oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios” (ἀκούομεν λαλούντων αὐτῶν ταῖς ἡμετέραις γλώσσαις τὰ μεγαλεῖα τοῦ θεοῦ) (Hch 2,11). Todos los que han recibido el carisma de la xenoglosia, o capacidad de hablar lenguas extranjeras, no fue que escondieron el talento, ni lo usan para el propio interés, sino que todos están participando en el anuncio del evangelio, han entendido que la donación del carisma es llamada a la participación, deber de vivir la participación. En efecto, todos ponen su carisma al servicio del kerigma, mediante la participación. Mirando ahora la página del evangelio, conviene notar la estrecha unión entre la misión y la donación del Espíritu Santo: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo”. No es posible la misión sin el Espíritu y el Espíritu es donado para la misión. El Espíritu es el que da fuerza dinámica, dinamicidad potente, potencia pujante, pujanza impetuosa, ímpetu vigoroso, vigor amoroso para la misión. Gracias al Espíritu, la comunión en la Iglesia es comunión participativa y misionera. “Sopló sobre ellos y les dijo: recibid el Espíritu Santo” (αὶ τοῦτο εἰπὼν ἐνεφύσησεν καὶ λέγει αὐτοῖς· λάβετε πνεῦμα ἅγιον). El primer humano, plasmado por las manos de Dios, llega a ser viviente gracias al soplo de Dios que le dona su Espíritu. Como dice la Lumen Gentium, 7: “Y para que nos renováramos incesantemente en él, nos concedió participar de su Espíritu, quien, siendo uno solo en la Cabeza y en los miembros, de tal modo vivifica todo el cuerpo, lo une y lo mueve, que su oficio pudo ser comparado por los Santos Padres con la función que ejerce el principio de vida o el alma en el cuerpo humano”. El Espíritu es el alma de la Iglesia sinodal, por él se vive la comunión, se realiza la participación y se promueve la misión.
María, la virgen Madre, quien oraba esperando y esperaba orando con la Iglesia el don del Espíritu y con su amor maternal acompañaba el nacimiento de la Iglesia, nos ayude a testimoniar la comunión participativa y misionera.
¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto?Gracias Jesús, por darnos el Espíritu como alma de la Iglesia.
Gracias Santo Espíritu, por el don de lenguas como expresión de la catolicidad de la Iglesia,
Gracias por ser autor de la unidad en la catolicidad.
Gracias, Santo Espíritu, por ayudarnos a vivir la comunión, posibilitar la participación y convocarnos para la misión.
Amén.
¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?
Contempla con los ojos del corazón el rostro de Cristo que el texto sagrado te presenta: Jesús Resucitado, que dona el Espíritu y confía a su Iglesia su misión. El Espíritu que desciende para hacer alma de la Iglesia una en su catolicidad y católica o universal en su unidad.
¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?
Esta semana descubriré los carismas que el Espíritu me da y los pondré al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia.
““El mismo Espíritu es el que Lucas dice que descendió sobre los discípulos, después de la ascensión del Señor, el día de Pentecostés, con poder para que todas las naciones entraran en la vida y para abrir el Nuevo Testamento. Y por esto en todas las lenguas los discípulos entonaban a una un himno a Dios, siendo el Espíritu el que reducía a unidad las razas disgregadas y el que ofrecía al Padre las primicias de todas las naciones”.