26 No les tengáis miedo, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse. 27 Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea. 28 No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. 29 ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. 30 Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. 31 Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones. 32 A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. 33 Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos.
¿Qué hacer frente a la oposición persecutora, persecución opositora que sufren quienes anuncian el evangelio? ¿Desistir o persistir? El divino Maestro invita a persistir resistiendo y resistir persistiendo y ofrece tres razones.
Es necesario perseverar, porque el avance del evangelio no puede ser detenido por nadie. El evangelio es potencia de Dios, tiene la fuerza potente y potencia fuerte de la palabra de Dios, de manera que no permanecerá oculto, sino que será descubierto, anunciado, a pesar de la oposición. No permanecerá oculto, sino que será anunciado más allá del culto; no permanecerá en la oscuridad, sino que brillará con su luz; no se dirá en voz baja, sino que se gritará desde los terrados. ¿Se puede detener el mensaje? Absolutamente no, pues el avance del evangelio es irrefrenable, invencible, incontenible.
E¿Se puede detener al mensajero? Pueden matarlos en el cuerpo, pero no detenerlos, pues los discípulos misioneros saben bien que hay algo peor que la muerte del cuerpo, es decir, la situación que se crea cuando el evangelio no es anunciado: cuerpo y alma terminan en la Gehenna. Este era el basurero de la época, siempre ardiente y maloliente. Sin el evangelio la vida toda del ser humano corre el riesgo de volverse un basurero humeante, una existencia malograda, frustrada, fracasada, estropeada, arruinada. Pero no solo, la Gehenna, precisamente porque ardía siempre, era ya vista como símbolo del lugar del tormento eterno. Sin el anuncio del evangelio, el ser humano corre el riesgo de terminar en el infierno, no solo con una existencia arrastrada en esta vida, sino con una existencia eternamente condenada, y eso es mucho peor que sufrir la muerte del cuerpo.
Tercero, el divino Maestro exhorta a no temer, porque sus evangelizadores gozan del cuidado protector y la protección cuidadora del Padre. Si no cae un pájaro de poco valor, sin el consentimiento del Padre, mucho menos sus hijos de inmenso valor en su corazón. El Padre conoce y reconoce a sus hijos amados, de los cuales hasta sus cabellos tiene contados.
“Los desafíos están para superarlos. Seamos realistas, pero sin perder la alegría, la audacia y la entrega esperanzada. ¡No nos dejemos robar la fuerza misionera! (Francisco, Evangelii gaudium, 109)
En un contexto de persecución se siente fuerte la tentación de desertar, abandonar, negar y renegar. El divino Maestro aclara que quien se declara a su favor, delante de los hombres, asegura su declaración delante del Padre. Qué puede haber mejor que el Hijo declare a nuestro favor delante del Padre. Esta era y es la convicción de los mártires de ayer y de hoy: es mejor perder esta vida confesando a Cristo, porque él ha prometido declarar a favor de quién dona su vida por amor.
Con la misma seriedad buena y bondad seria advierte el Señor que si alguien lo niega delante de los hombres, él nos negará delante del Padre. Qué puede haber peor que ser negados por el Hijo delante del Padre, y en el día del juicio escuchar de su boca : “jamás los conocí; apártense de mí malhechores” (Mt 7,23) María, la Virgen Madre, mujer de la vida que anuncia y el anuncio vivo, nos ayude evangelizar superando el miedo, con amor ardiente y ardor amoroso.
¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto?Gracias Jesús, enviado, misionero y evangelizador,
porque hacernos a todos los bautizados discípulos misioneros.
Ayúdanos a anunciar el evangelio sin miedo,
Gritando tu Buena Nueva desde las terrazas del mundo.
Que la proclamación del evangelio sea nuestra declaración a tu favor delante de los hombres
Amén
¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?
Contempla con los ojos del corazón el rostro de Cristo que el texto sagrado te presenta: el Jesús anunciador del Reino, sin miedo, con coraje y valentía.
¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?
Esta semana anunciaré el kerigma a alguien de mi familia o mi círculo social, aunque me exponga a la incomprensión y la burla.
“Anunciar para el Señor sea como vivir para el Señor”