16 Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. 17 Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. 18 Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. 19 Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».
La palabra “católica” significa universal. Cuando hablamos de misión católica hablamos de misión universal. La universalidad suele ser representada por los cuatro puntos cardinales, signos de una universalidad que abraza todo en todas las direcciones. Invito a leer el evangelio a partir de la cifra cuatro.
Primero: cuatro participios expresan el ser y quehacer de los apóstoles: viendo, yendo, bautizando y enseñado. Estos participios están todos en relación con el único verbo que se halla en imperativo, siendo el más imperante e importante: “μαθητεύσατε” que se traduce con una frase: “haced discípulos”. De la contemplación (viendo) surge con fuerza la misión (yendo), la cual consiste en hacer discípulos mediante los procesos de iniciación cristiana (bautizando) y de maduración de la vida cristiana (enseñando).
Segundo: las palabras de Cristo pueden dividirse en cuatro partes, a partir de cuatro preguntas. ¿qué se le hadado? Toda potestad; ¿dónde? En el cielo y en la tierra; ¿qué promete? Estaré con ustedes; ¿hasta cuándo? Todos los días hasta la consumación de los siglos. Su potestad se extiende espacialmente hasta señorear sobre todo y su presencia se extiende temporalmente hasta colmar la historia.
Tercero: las cuatro totalidades. Se me dio “toda potestad” (v.18), haced discípulos a “todas las naciones” (v.19); enseñen a guardar “todo lo que yo les he mandado” (v.20); estaré con ustedes “todos los días” (v.20). Así, el Resucitado con toda su potestad, para quien nada es imposible, promete a su iglesia su presencia todos los días para siempre, es decir, promete que su Iglesia durará siempre, su Iglesia existirá hasta la consumación de los siglos (esperen sentados los que imaginan el final de la Iglesia). Eso sí, pide a su Iglesia que conserve y transmita “todo” lo que él ha mandado (el depósito de la fe) y que viva en actitud de salida misionera anunciando el evangelio a todas las naciones. La única Iglesia de Jesucristo es concebida como enviada a todas las naciones, soñada y proyectada para abrazar a todas las naciones, es decir, una Iglesia universal, una Iglesia católica. La Iglesia que se manifestará al mundo en Pentecostés como Iglesia católica desde su nacimiento, es ya católica desde su concepción.
María, la virgen Madre, estrella de la evangelización, nos ayude a continuar la misión a todas las naciones.
¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto?Gracias Jesús, por mostrarnos con tu ascensión, la meta de nuestro peregrinar.
Gracias Santo Espíritu, don de los dones anhelado y esperado,
Gracias por ser alma de la Iglesia y por sostener la misión que su Señor le ha encomendado.
Gracias, Santo Espíritu, por derramar en nosotros el ardor misionero.
Amén.
¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?
Contempla con los ojos del corazón el rostro de Cristo que el texto sagrado te presenta: Jesús, Cabeza de la Iglesia, asciende al cielo y su Cuerpo místico, la Iglesia, lleva a cabo su misión en la tierra.
¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?
Esta semana buscaré en mi parroquia oportunidades para participar en la misión evangelizadora de la Iglesia.
“Esparce el evangelio; lo que concebiste con el corazón, dispérsalo con la boca, que te oigan las naciones, que crean los pueblos, que pululen las naciones”