13 Al enterarse Jesús se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados. 14 Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. 15 Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida». 16 Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer». 17 Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces». 18 Les dijo: «Traédmelos». 19 Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. 20Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. 21Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
Propongo leer esta página del evangelio, desde la categoría de participación, segunda piedra angular de la sinodalidad. Como son siete los elementos multiplicados, cinco panes y dos peces, son también siete los momentos de participación. La primera participación es de la gente que sigue a Jesús a pie desde las ciudades. Gracias a esta participación, la Iglesia naciente se muestra ya como Iglesia sinodal, una comunidad de discípulos misioneros que a pie caminan detrás de Jesús. No existe sinodalidad sin participación.
La segunda participación es de Jesús, indicada mediante cuatro verbos (v.14): salir, ver, compadecerse y curar. Sale para ver, ve para compadecerse, se compadece para curar. Significa que quienes seguían a Cristo en sinodalidad no eran perfectamente sanos, ni sanamente perfectos, sino que arrastraban debilidad frágil, fragilidad enfermiza, enfermedades limitantes, límites humanos. Jesús participa desde adentro, desde algo que se le mueve adentro, en el corazón, pues el verbo griego (ἐσπλαγχνίσθη) indica la conmoción de las entrañas maternas. Su compasión sanadora, sanación compasiva, supera las enfermedades debilitantes, debilidades enfermizas de quienes lo siguen en sinodalidad. No hay participación sin implicación del corazón.
La tercera participación es de los discípulos. Ellos diagnostican la situación: en cuanto al lugar, se está en un desierto; en cuanto al tiempo, ya es tarde; en cuanto a la gente, se les nota hambrientos, necesitados. Su recomendación: “despide a la gente” (ἀπόλυσον τοὺς ὄχλους), para que vayan a comprarse su comida. Despedir a la gente no parece una buena propuesta, porque implica dispersar, dividir, romper la comunión, que en la Iglesia no es algo, sino que es todo.
La cuarta participación es de los discípulos, invitados por el divino Maestro dar de comer a la gente: “no tienen necesidad de irse, denles ustedes de comer” (οὐ χρείαν ἔχουσιν ἀπελθεῖν, δότε αὐτοῖς ὑμεῖς φαγεῖν (14,16). No es necesario romper la comunión, al contrario, lo que siempre es necesario es afianzar, fortalecer, construir la comunión. A partir de la necesidad, se construye la comunión, pues no hay necesidad más grande en la Iglesia que la comunión y la comunión puede dar satisfacción a cualquier otra necesidad. La comunión satisface toda necesidad allí donde la mayor necesidad sentida es la comunión.
La quinta participación es de los discípulos, quienes informan de los recursos que poseen: “aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces” (οὐκ ἔχομεν ὧδε εἰ μὴ πέντε ἄρτους καὶ δύο ἰχθύας (14,17). Son recursos escasos, limitados, muy poco para tantos, pues no tenían ni siquiera para el grupo de los doce. No tenían nada sobrante, a excepción de la carencia. Pero el poco que tienen, no lo esconden, no lo convierten en producto de venta, aprovechando la escasez, sino que lo ponen a disposición del Señor, para el beneficio de todos. El pan multiplicado es el pan repartido, departido y compartido. No hay participación sin generosidad, ni generosidad sin participación.
La sexta participación es de Jesús, llevada a cabo mediante siete acciones: primera, ordena que le lleven panes y peces; segunda, ordena que la gente se recueste sobre la hierba. Las otras cinco son exquisitamente eucarísticas: tercera, toma los panes y los peces; cuarta, alza los ojos al cielo; quinta, pronuncia la bendición; sexta, parte los panes; séptima, se los da a los discípulos y éstos a la gente. Mateo escribe hacia el año ochenta y sus lectores evocan inmediatamente lo que Jesús hizo en la última cena y que ellos siguen haciendo cada domingo. Toda eucaristía es participación y toda participación tiene algo de eucarística.
La séptima participación es de todos: “comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras”. Todo anhelo del corazón fue saciado por el pan de Dios, el pan multiplicado, porque compartido. De la participación en ese pan vive el pueblo de Dios que camina en sinodalidad: por ello recogieron doce cestos de lo que sobró de los panes partidos (ἦραν τὸ περισσεῦον τῶν κλασμάτων δώδεκα κοφίνους πλήρεις (Mat 14,20). Para indicar lo que sobra del pan partido se halla el sustantivo griego “klasma” (κλάσμα) que, gracias a la Didajé, sabemos que se refiere precisamente al pan eucarístico.
Cinco panes y dos peces: cinco participaciones de la gente y los discípulos y dos del Señor, para indicar la participación perfecta, la participación incluyente, la participación de todos. María, la Virgen Madre, nos ayude a vivir la eucaristía como fuente de una participación capaz de trasformar toda la realidad.
¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto?Gracias Jesús, que sanas nuestra enfermedad en un camino discipular,
Gracias por tu compasión sanadora.
Gracias por hacerte Pan partido en la Eucaristía,
Fuente de una participación capaz de transformarlo todo.
Amén
¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?
Contempla con los ojos del corazón el Cristo que multiplica el pan y que se hace Pan de vida en la Eucaristía, para invitarnos a la participación que transforma la realidad social en que vivimos.
¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?
Esta semana asumiré el compromiso de participar en mi parroquia, desde los carismas que Dios me dio.
“Por lo que respecta al pan partido (κλάσμα), dicen, te damos gracias, Padre nuestro, por la vida y el conocimiento que tú nos has dado a conocer por medio de tu Hijo Jesús; tuya es la gloria para siempre jamás. Tal como este pan partido (κλάσμα) estaba esparcido por las montañas y al ser juntado pasó a ser uno, así también que tu Iglesia pueda ser juntada de todos los extremos de la tierra en tu reino”