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Domingo 29 de marzo de 2026
Domingo de Ramos

“Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores; me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos” Sal. 22
Espíritu Santo, regálanos el misterio de contemplar a Cristo en su misterio pascual.
Espíritu Santo, ayúdanos a acompañar a Jesús, rey manso y humilde.
Espíritu Santo, dispón nuestros corazones para celebrar la semana santa.
Espíritu Santo, que en comunión participativa contemplemos a Cristo que padece, muere y resucita por nuestra salvación.
Amén.
Mt 21, 1-11

21 1  Cuando se acercabaan a Jerusalén y llegaron a Betfagé, en el monte de los Olivos, envió a dos discípulos 2 diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una borrica atada con su pollino, los desatáis y me los traéis. 3Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto». 4 Esto ocurrió para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta: 5 «Decid a la hija de Sión: “Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica, en un pollino, hijo de acémila”». 6 Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: 7 trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. 8 La multitud alfombró el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. 9 Y la gente que iba delante y detrás gritaba: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!». 10 Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad se sobresaltó preguntando: «¿Quién es este?».
11 La multitud contestaba: «Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea».

Algunas preguntas para una lectura atenta

  1. ¿De dónde sale Jesús y a dónde entra?
  2. ¿Quiénes lo acompañan en su camino?
  3. ¿Qué acciones significativas realiza la gente?
  4. ¿Qué aclamaciones grita la multitud?
  5. ¿Cómo se presenta Jesús en su ingreso a Jerusalén?
Algunas pistas para comprender el texto:
Francisco León Oquendo Góez. Pbro.
Entre aclamaciones y proclamaciones de júbilo festivo y fiesta jubilosa, Jesús hace su entrada triunfal a Jerusalén. No entra en soledad, sino en sinodalidad, acompañado por sus discípulos y por una multitud enardecida que lo proclama el Profeta y el Mesías esperado, el Hijo de David que trae la salvación.
El evangelio puede dividirse en dos partes y cada una de ellas contiene una citación de la Escritura que muestra el sentido de lo que sucede. La primera parte es el envío de dos discípulos a buscar un asna y un pollino (vv. 1-5), la cual contiene en el versículo 5 una citación de Zac 9,9. La segunda parte (vv. 6-11) presenta la entrada solemne de Jesús y contiene en el versículo 9 una citación de el Salmo 118, 25-26. Así, la narración que inicia en Betfagé termina en Jerusalén.
¿Qué me dice el Señor en el texto?
    El retorno del rey es uno de los episodios de la saga “el señor de los anillos”. Con el ingreso de Jesús en Jerusalén se vive verdaderamente el retorno del rey, pues Jerusalén es desde siempre la ciudad del rey (Sal 48,3). Jesucristo es presentado como el Rey anhelado y esperado: “mira, tu rey viene a ti” (ἰδοὺ ὁ βασιλεύς σου ἔρχεταί σοι (Mat 21,5).
    Las acciones simbólicas que realiza la multitud indican la condición real de Jesucristo: extender sus mantos por el camino y extender ramas de árboles para tapizar el sendero del rey; la aclamación solemnemente festiva y festivamente solemne de “hosana al Hijo de David, vendido el que viene en nombre del Señor”, canto festivo del salmo 118. Cuando los habitantes de Jerusalén preguntan ¿quién es este?, la gente responde, aludiendo a Dt 18,15, “éste es el profeta Jesús de Nazaret de Galilea” (v. 11).
    Jesús es expresamente llamado Rey, Hijo de David y el profeta, todos títulos que en la época eran propios del Mesías esperado, el portador de la salvación, invocada por la gente mediante el canto del “hosana”, que significa “sálvanos”. Jesús es Mesías que salva, salvador que libera, liberador que reina, Rey que retorna para establecer su reino definitivo y universal.
    La presentación de Jesús Mesías, montado en un burrito, fue seguramente visualmente impactante, inquietante, desconcertante, impresionante, sorprendente. En la citación de Zac 9,9, el evangelista ha omitido los dos primeros adjetivos que califican al Rey, justo y salvador, para focalizar las miradas en su mansedumbre y en las actitudes que la manifiestan: entra montado en un burrito.
    El divino Maestro ha llamado bienaventurados a los mansos (Mt 5,5), que se ha presentado a sí mismo como “manso y humilde de corazón” (Mt 11,29), ahora entra a Jerusalén con su humildad mansa y mansedumbre pacífica.
    Frente a la fuerza agresiva y agresividad fuerte de los potentes de este mundo, el Señor propone la mansedumbre humilde y la humildad mansa que desarma el odio y nos arma de amor. Siguiendo su ejemplo, los discípulos de Jesús hacen de la mansedumbre una nota característica de su estilo de vida. Ella es fruto del Espíritu (Gal 5,23), es el estilo con el cual los espirituales corrigen (Gal 6,1) y dan razón de su esperanza (1Pe 3,16), pues los discípulos de Jesús demuestran toda mansedumbre para con todas las personas (Tit 3,2).
    María santísima, mujer del corazón humilde y manso, nos ayude a testimoniar estas virtudes en nuestro mundo agresivo, vengativo y violento.
Continuamos la meditación con las siguientes preguntas:
  1. ¿Es Jesús el Rey de tu vida? ¿Cómo testimonias la mansedumbre en un contexto social agresivo? ¿Está tu corazón pronto para gritar hosana y acoger la salvación?
  2. Estás dispuesto a acoger en esta semana santa a Jesús como Señor?
  3. ¿Cómo estás viviendo la humildad en un mundo soberbio?
  4. ¿Cómo testimonias la mansedumbre en un contexto social agresivo?
  5. ¿Está tu corazón pronto para gritar hosana y acoger la salvación?

Gracias Jesús, nuestro Rey, Hijo de David, el Profeta esperado,
porque nos das ejemplo de humildad y mansedumbre.
Gracias, por enseñarnos que no hay verdadera grandeza sin humildad,
y que no hay mejor reacción ante la ofensa recibida que la mansedumbre.
Dadnos la gracia de contemplarte esta semana en tu pasión salvadora,
Y adorarte en tu resurrección victoriosa
Amén.

¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?

Contempla con los ojos del corazón el rostro de Cristo que el texto sagrado te presenta: el Jesús Rey, Mesías, Profeta esperado, majestuoso en su humildad y fuerte en su mansedumbre.

Esta semana responderé a las ofensas recibidas con mansedumbre y testimoniaré la humildad en mis actitudes.

“Hijo mío, no seas murmurador, puesto que lleva a la blasfemia; ni voluntarioso, ni tengas malos pensamientos, pues de todas esas cosas vienen las blasfemias; sino, sé manso, porque los mansos heredarán la tierra. Sé paciente, compasivo e intachable, tranquilo y amable y siempre temiendo las palabras que has oído”

(Didajé, 3).